
Se estima que el 40% de la población mundial tiene valores inadecuados de vitamina D. Además de factores personales como el tipo de piel, lugar donde vives, actividad, entre otros, existen causas que justificarían esta carencia:
Falta de exposición solar: La piel sintetiza entre el 80-90% de la vitamina D.
Edad: Con el tiempo, la piel es menos eficaz sintetizando vitamina D.
Malabsorción intestinal: Alteraciones de la microbiota, enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedad celiaca, cirugías, entre otros.
Obesidad: La vitamina D liposoluble queda almacenada en la grasa, disminuyendo su disponibilidad.
Baja ingesta de alimentos ricos en vitamina D.
La importancia de la vitamina D radica en sus múltiples propiedades para que nuestro organismo funcione correctamente. Entre ellas destacan:
- Favorece la absorción de Calcio y Fósforo en el intestino.
- Es básica para la salud de huesos, dientes y músculos.
- Interviene en el funcionamiento del Sistema Nervioso.
- Regula el Sistema Inmunológico.
- Contribuye a la eliminación de placas de amiloide relacionadas con el desarrollo de la Enfermedad de Alzheimer.
- Es esencial para el crecimiento y funcionamiento celular.
- Favorece la producción de energía.
- Aumenta la sensibilidad a la Insulina.
- Tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes
Entre los síntomas que pueden hacer sospechar un déficit de vitamina D se encuentra:
- Cansancio exagerado.
- Dolores articulares y óseos.
- Debilidad muscular y calambres.
- Aumento en la frecuencia de infecciones, sobre todo respiratorias.
- Ansiedad, depresión, bajo estado anímico e insomnio.
- Pérdida de memoria.
Para mejorar los niveles de vitamina D:
– Aumenta la exposición al sol de manera responsable.
– Consume alimentos ricos en vitamina D como la yema de huevo, pescados grasos (salmón, caballa, atún, sardina) y hongos como Maitake y Shiitake.
– Toma suplementos de vitamina D bajo supervisión médica.
